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:: Testimonios ::

A los pocos años de mi venida a España en 2009, cansado de enfocar mis esfuerzos sólo en los aspectos moleculares y celulares de la enfermedad, decidí dedicar parte de mi tiempo a buscar una manera de poder ayudar a aquellos a los que, de verdad, había “tocado” una enfermedad priónica. Esto, unido a la suerte de conocer a familiares afectados directamente y con un gran talante humano, llevó a la creación de la Asociación Española de CJD. Sirva este testimonio también para agradecer a todas las personas de mi laboratorio presente y pasado que, conscientes del dolor que causa la enfermedad, están dedicando su vida profesional a buscar su cura.
Jokin
Mi amigo Jose Ángel nos dejó a causa de una enfermedad priónica. Era alguien genial y el proceso fue muy duro… por eso creo que siempre es bueno conocer a más personas en una situación parecida, de modo que podamos compartir el problema, intentar saber cómo actuar y, sobre todo, recuperar la esperanza de seguir adelante
Dani
Hace 6 años una enfermedad prionica nos arrebató a mi padre. No era un número, ni una estadística, era una persona que tenía proyectos, ilusiones, sueños que cumplir. Era una persona buena y cariñosa y muy querida por todos. Cuando se fue, se fue una parte de cada uno de nosotros. Y aunque ya sea tarde para él, desde la Asociación queremos dar esperanza a todas las familias que sufren una enfermedad prionica y ofrecerles todo nuestro apoyo.
¡Demostremos que somos más que uno entre un millón!
Susana
Hace 16 años perdí a mi padre por un enfermedad priónica genética, como a su vez él perdió a su madre. Mi hermano era prácticamente un niño y yo un adolescente. Ahora yo soy el padre con un 50% de probabilidades. Un padre que sueña por el día en que nuestros hijos no tengan que pasar por este dolor, que sueña por el día en que esta enfermedad sea recordada como algo lejano.
Alberto
Hace 2 años la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob se llevó a nuestra pequeña. Todo empezó a sus 11 años de edad y duró hasta los 14. Sin explicación alguna le fue quitando su alegría, sus posibilidades de jugar, comunicarse, terminando con una dependencia total.
A Cristina le encantaba jugar y bailar. Destacaba por su dulzura y por su sonrisa, la cual mantuvo durante la mayor parte del proceso. Fue un gran ejemplo de valentía para todos.
La rabia, el dolor, junto al de otros afectados, desembocó en la creación de la Asociación. Gracias a todos, en especial a Joaquín Castilla.
Rosa